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Dentro del mundo de los clubes de socios: Tuxedo Society

Dentro del mundo de los clubes de socios: Tuxedo Society

Joven, selecto, icónico: Tuxedo Society el club de miembros exclusivos del estilo de vida global

Existe un nuevo lenguaje del lujo que no tiene una dirección fija, no exhibe placas en la entrada y no vive en habitaciones privadas. Es un lujo que se mueve, que elige el tiempo antes que el lugar, que sólo toma forma cuando todo está alineado: las personas, el contexto, la energía. Tuxedo Society nació exactamente aquí, como un club sólo para jóvenes capaz de transformar la socialidad en una experiencia cultural y la afiliación en un verdadero pasaporte relacional. No un lugar, sino un ecosistema. No un calendario, sino un comisariado.

Desde febrero de 2025, cuando se abrió por primera vez al público la afiliación, lo llamativo no es sólo la cifra económica, sino la selección: unos 100 miembros elegidos entre más de 14.000 solicitudes. Un número que habla de una voluntad precisa de construir una comunidad pequeña y coherente, alineada en cuanto a valores y visión. Al frente de ella están tres fundadores con perspectivas diferentes y complementarias: Gabriele Bonini, Riccardo Capotosti y Filippo Pignatti Morano. Juntos, han transformado una intuición generacional en una infraestructura cultural donde la estética, el acceso y la pertenencia coexisten sin limitaciones.

La primera sorpresa es la cuota de socio. Alta, muy alta para un club de menos de 40: entre 6.000 y 15.000 euros al año. Pero el precio, aquí, no es ostentación. Es un filtro. Es el umbral necesario para garantizar la calidad, el cuidado, la disciplina estética y una comunidad que no se encuentra en ningún otro sitio. Porque los miembros de Tuxedo no se limitan a viajar: llegan a lugares cuando esos lugares se vuelven irrepetibles. Venecia en Carnaval, en el Baile Ducal. St. Moritz durante El Hielo, cuando el lago se convierte en una pasarela de coches clásicos. Cannes en pleno Festival, París en Nochevieja, en su único día suspendido. Cada elección es temporal antes de ser geográfica.

En estos contextos, Tuxedo organiza cenas, fiestas y viajes con una precisión sorprendente para la edad de los protagonistas. Códigos estéticos respetados, ropa impecable, trajes históricos, decorados coherentes. Una disciplina elegante que no anquilosa, sino que amplifica la espontaneidad. Se mueven como un grupo de amigos, pero el efecto final es el de una compañía de teatro consciente de su papel. Y es aquí donde la adhesión deja de parecer un capricho y se convierte en acceso.

La idea surgió de una necesidad personal. Gabriele Bonini y Riccardo Capotosti, a pesar de carreras rápidas y accesos privilegiados, sienten un vacío: la socialidad vivida de verdad, no consumida de pasada. Eventos bonitos, gente interesante, pero experiencias solitarias. Para dos agregadores naturales, esto no es suficiente. Se necesita un ecosistema compartido, un contexto estable, una visión común. Se necesita Tuxedo.

Gabriele es el motor pragmático del proyecto. Empresario que se hizo millonario muy joven sin herencia, transforma la intuición en estructura, la visión en proceso. Ama la relojería, el Made in Italy y una idea de la elegancia que es ante todo comportamiento. Filippo Pignatti Morano es la voz cultural: influencer con casi un millón de seguidores, dirige Gentleman’s Gram e interpreta la nueva masculinidad internacional con un look que anticipa las tendencias. Riccardo Capotosti es la firma estética: director creativo, coleccionista de más de 130 coches de época, lee los espacios y los transforma en cine, filtrando la estética old money con sensibilidad contemporánea.

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Tuxedo Society es una sofisticada máquina organizativa. Construye experiencias inmersivas en Como, Portofino, Porto Cervo, Londres, Nueva York, Venecia, cuidando cada detalle: residencias históricas a menudo inaccesibles, restaurantes elegidos con precisión quirúrgica, traslados en lancha rápida, cruceros en coches de época, degustaciones, momentos culturales. Los días fluyen como coreografías: desayunos compartidos, almuerzos en lugares inesperados, cenas que se convierten en escenarios narrativos, afters que parecen escenas de una película. Las cenas de valores, en particular, son mesas diseñadas para generar conversaciones que no ocurren por casualidad, a menudo con artistas y creativos internacionales.

La conserjería es el corazón invisible del sistema. No reserva: anticipa. No ejecuta: traduce los deseos en logística. Finales de Wimbledon, invitaciones a desfiles de alta costura, mesas imposibles, acceso que el dinero por sí solo no compra. No es lujo, es privilegio de acceso. Y aquí es donde la afiliación se convierte en una forma de vida.

El poder mediático es una consecuencia natural. Las comunidades de miembros superan los 10 millones de seguidores y generan cientos de millones de visitas mensuales. Cada evento produce contenidos de primera calidad, espontáneos y coherentes. No ruido, sino narrativa. A diferencia de los clubes que prohíben las fotos, Tuxedo opta por compartir conscientemente: elegante, respetuoso, nunca invasivo. Los contenidos se convierten en un archivo emocional de una época que no vuelve, una memoria colectiva de momentos irrepetibles.

Y luego está la verdad definitiva. Detrás de esmóquines impecables y edificios históricos, los chicos siguen siendo chicos. Naturales, vitales, inclusivos. Sin rigidez, sin distancia. Saben cómo ser elegantes sin estar enlucidos, cómo divertirse sin perder la medida. Es este equilibrio entre forma y espontaneidad lo que hace que Tuxedo sea único. Un club exclusivo por calidad, no por distancia. Un club que vive en las alturas sin mirar hacia abajo. Un lugar móvil donde, sorprendentemente, uno se siente como en casa.

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