Mañana, 2 de febrero, el Teatro Brancaccio de Roma acogerá la cuarta edición de los Premios Arco Iris, un evento que en pocos años se ha consolidado como un espacio autorizado para la confrontación entre cultura, derechos y responsabilidad pública. No se trata de una pasarela, sino de una velada que mide el valor del compromiso: el que transforma la visibilidad en elección, las palabras en gestos, el reconocimiento en toma de postura.
Llegar a la etapa Brancaccio no es un detalle logístico. Es un signo de madurez alcanzada. Traer aquí la historia de los derechos LGBTQIA+ significa situarlos en el centro de la vida cultural de la ciudad, hacerlos transversales, sacarlos de la lógica de la excepción. Los Premios Arco Iris no piden indulgencia: piden atención. Y la ejercen.
Adriano Bartolucci Proietti, presidente de GAYCS y fundador de los premios, explica su significado:
«El Brancaccio representa el crecimiento y la plena madurez de los Premios Arco Iris. Llevar los derechos LGBTQIA+ a un escenario tan prestigioso significa hacerlos más visibles, autorizados y compartidos. Es una ventana abierta a un mundo inclusivo y plural, capaz de transformar las diferencias en valor».

La lista de galardonados ofrece un mapa claro de esta visión. El Premio a Toda una Vida es para Luciana Littizzetto, por una trayectoria que ha hecho de la ironía una herramienta crítica, nunca una coartada. Francesca Fagnani recibe el Premio a la Personalidad de la Televisión, por aportar complejidad y escucha al lenguaje de la entrevista. La música está representada por Big Mama, voz de una generación que transforma la identidad en afirmación consciente.


Junto a ellos, premios que atraviesan distintos idiomas y ámbitos: desde el Premio de Programas de TV a Casa a Prima Vista al Premio de Teatro por Brokeback Mountain; desde la serialidad amada por los jóvenes(Mare Fuori) al periodismo de investigación premiado por «Riparati»(Domani); hasta la radio, los podcasts, el deporte y las asociaciones. No es una lista, sino una constelación que cuenta cómo la inclusión es una práctica diaria, no un eslogan.


La mirada política, nacional e internacional, también es importante: el Premio de Política Internacional al alcalde de Budapest Gergely Karácsony y el de política italiana a Maria Elena Boschi nos recuerdan que los derechos nunca se adquieren definitivamente y que su destino depende de decisiones concretas.


Entre menciones especiales y premios a plataformas, músicas emergentes, asociaciones históricas y espectáculos de arrastre, la velada devolvió la imagen de una comunidad plural y viva, capaz de futuro. Hizo los honores, como es tradición, el alcalde de Roma , Roberto Gualtieri, subrayando el necesario diálogo entre las instituciones y la cultura civil.

Los Premios Arco Iris no celebran la excepción. Reconocen caminos.
Y nos recuerdan que hoy, más que nunca, la cultura es uno de los lugares decisivos donde toman forma los derechos.



