Un mes después, Roma recuerda una noche inolvidable de música y vida**.
Un mes después del 90 Jazz Show, la magia de aquella velada en la Sala Patrassi delAuditorio Parco della Musica sigue resonando en la memoria del público romano. No fue un simple concierto, sino un verdadero ritual colectivo dedicado a un Maestro que ha recorrido la historia del jazz italiano: Lino Patruno, noventa años gastados con la ligereza de los grandes. El 3 de noviembre de 2025, Roma acogió un homenaje que se convirtió en narración, celebración, gratitud.
Las paredes de madera de cerezo de la sala vibraban como un ecosistema vivo, devolviendo un sonido cálido y envolvente, casi como si quisieran preservar aquella noche como un fragmento precioso de la cultura de la ciudad.
Cuando la música se convierte en memoria
La comisaria Sabina Fattibene y el director de orquesta Riccardo Mei abrieron la velada en medio de la emoción y la expectación. La Banda di Roma Capitale, dirigida por el maestro Andrea Monaldi, hizo un prólogo entre el público, acercando la música a la gente, hasta la intensa interpretación del tema de Érase una vez en el Oeste a cargo de la mezzosoprano Isabella Amati.
Inmediatamente después, los reconocimientos oficiales: la merecida medalla al Arte y la Cultura entregada por el Honorable Federico Rocca, y el elegante homenaje de Nadia Mayer con dos Magnum Oro de la bodega Bottega.
Un viaje por la historia de un artista total
Un conmovedor vídeo recorrió la polifacética carrera del Maestro:
desde los Búhos de los años 50 hasta apariciones icónicas en televisión, pasando por escenarios compartidos con gigantes del jazz como Joe Venuti. Y de nuevo, el concierto de San Marino de 1993 con Giovanni Mazzarino, Laura Fedele, Carlo Loffredo, Romano Mussolini, Gil Capponi, Gianni Sanjust, Hengel Gualdi y muchos otros protagonistas de una época irrepetible. A continuación, el cuarteto vocal Le Armonie sumergió a la sala en un elegante viaje retro con un popurrí de los años 50 y 60 que calentó al público.

Una de las actuaciones más aplaudidas fue la de la cantante italo-brasileña Italia Vogna, una artista capaz de entrelazar melodías napolitanas, influencias portuguesas y un alma contemporánea.
Su voz -cálida, evocadora, profunda- representaba a la perfección el espíritu del jazz que ama Patruno: libre, contaminado, universal.

Una presencia cuidadosamente elegida, como siempre en las veladas de Patruno, que tiene el raro instinto de rodearse de intérpretes capaces de convertir cada nota en una historia.
La velada también recordó las incursiones cinematográficas del Maestro: desde Amarcord, de Fellini, a Porta Romana, de Bruno Corbucci, pasando por Forever Blues, de Franco Nero, película para la que Patruno compuso la música, ganadora de un Globo de Oro.

La solidaridad como figura del Maestro
No faltó el aspecto solidario: la velada apoyó a la Onlus OILFA del Prof. Italo Megaro, comprometida en la renovación de la sala de oncología pediátrica del Policlínico Umberto I. Un gesto que habla, quizá más que ninguna otra cosa, de la humanidad del Maestro.

El parterre de los afectos
Entre el público, muchos amigos:
Maurizio Micheli, que hizo una divertida versión marquesana deInfinito;
Greg, Benedicta Boccoli, Donatella Pandimiglio, Francesca Ceci, Ornella Giusto, Nadia Bengala, y el productor Claudio Bucci, que está trabajando en un documental sobre la vida de Patruno.
90 Jazz Show: la fiesta en el escenario
Dirigido por la elegancia de Elena Presti, al concierto se unió a Patruno un conjunto de extraordinaria calidad:
- Gianluca Galvani – corneta
- Carlo Ficini – trombón
- Raffaele Gaizo – clarinete
- Giorgio Cuscito – saxo
- Silvia Manco – piano y voz
- Guido Giacomini – contrabajo
- Riccardo Colasante – batería
- Emanuele Urso – clarinete y swing
También subieron al escenario artistas que aportaron personalidad y color a la velada:
Minni Minoprio, Morgan, Clive Riche y Franco Nero, que dirigió el gran final con When the Saints Go Marchin’ In.

Un aplauso que aún dura
El final con todos los artistas juntos, la tarta, el Happy Birthday to You y el Maestro soplando las velas en medio de interminables aplausos, relegó aquella noche a la historia.
Y hoy, un mes después, esa magia no se ha desvanecido.
Permanece en la memoria, como una melodía que sigue volviendo.
Roma no se limitó a celebrar un cumpleaños.
Rindió homenaje a un legado vivo, capaz de atravesar el tiempo.
Fotos: Giancarlo Fiori



